Subject: INCERTIDUMBRE
INCERTIDUMBRE
Siempre que enseñes, enseña también
a dudar de lo que enseñas.
(Ortega y Gasset)
En el hombre habla la voz del ser.
(Heidegger)
Leemos libros como si hubieran sido escritos por escritores.
Escuchamos música como si hubiera sido hecha por músicos.
La disertación del profesor, la demostración del demostrador.
Cuando una persona habla oímos lo que esa persona dice.
Cuando pienso, pienso lo que yo pienso, o lo que en mí se piensa.
Hasta la palabra de Dios parece surgida de Dios mismo,
aunque todo el mundo sabe que Dios no existe.
Cuando habla el Maestro no le tomamos demasiado en serio, porque es el maestro, y sabe de qué habla; sin embargo, si nos habla quien no es nadie no le hacemos caso, porque no sabe de qué habla.
Para que estas palabras fueran tenidas en cuenta deberían haber sido dichas por nadie determinado, por lo que no serían admitidas.
Hay tantas teorías y tantas no-teorías, que cómo vamos a elegir.
Y cómo distinguir lo verdadero entre la multitud de verdades que nos rodea.
La verdad no quiere ser demostrada, quiere ser experimentada, lo que no la convierte en auténtica verdad, sino en experiencia real.
La sabiduría no es sabiduría mientras no es el sabio quien la comunica; por otra parte, el sabio no es sabio hasta que no sentimos que es sabio lo que dice.
Pero todas las experiencias humanas son humanas.
Cómo vamos a estar del lado del que sabe o del lado del que duda. Estamos de parte de la experiencia que experimentamos. Pero todas las experiencias humanas son humanas.
Así que recomiendo (aquí se recomienda) no leer libros escritos por escritores, ni escuchar música de músicos, o lecciones explicadas por el profesor,
y que ni los más decididos tomen la voz de Dios como venida de Dios.
Y dónde vamos a colocar el mensaje de la incierta ironía, que no sabemos si nos quiere decir lo que dice o más bien todo lo contrario.
No sé si será mejor escuchar la verdad particular, vivida, de mi vecino que no sé qué pretende, no sé si desvaría, si se equivoca; o la sentencia infalible del catedrático, inútil, abstracta y lejana.
Pero todo lo humano es humano.
Es posible.
Se puede morir por las verdades de Jesucristo o vivir para la vasta tautología matemática.
El que sabe hablar de la verdad no está más cerca de ella que quien puede sentirla y vivirla aunque no haya quien le entienda o le crea cuando trata de explicarse.
Pero, si buscas en tu corazón, ¿cómo vas a saber si es el tuyo el corazón en el que buscas? ¿Cómo vas a saber si eres tú quien decide? No lo pienses demasiado.
Si no sabes dónde encontrar lo auténtico, cómo vas a buscarlo en tu interior, si no sabes dónde está tu interior.
Pero, cuidado, porque lo que guardas en tu corazón como una piedra preciosa tal vez sea sólo una piedra preciosa, sin ningún valor.
Me gustaría que, siguiendo el principio de Ortega y Gasset se dudara de todo lo que digo, de lo razonable y de lo dudoso, de lo disparatado y de lo indudable. Entonces, habrá que empezar por el principio: vamos a dudar de que haya que dudar, de que sea conveniente, posible, o eficaz. Porque quien te recomienda la duda quizá quiera que descartes la respuesta que admitirías sin reflexión. Duda de que debas dudar, porque quien duda demasiado quizá no llegue nunca a ninguna parte ni se decida nunca. Duda, desde la duda vuelta sobre sí misma hasta donde no te sea posible dudar, no hasta encontrar una verdad imposible sino hasta principios que sientes inconmovibles, que quizá mañana no sientas así, pero hoy, simplemente, no puedes no aceptar. Y quizá no sea posible desterrar la duda, pero dudar es ser.
Cómo vamos a saber por qué creemos lo que creemos o no creemos lo que no creemos si no sabemos si esa evidencia interior ha sido demostrada científicamente.
Pero hay tantas demostraciones científicas que una más o una menos a quién puede interesarle.
Y toda ciencia puede ser objeto de otra ciencia. Todo conocimiento simple dato estadístico, o de otro tipo. Toda explicación paradigma de otro método o disciplina.
Hay tantas verdades que ya no podemos encontrar la nuestra, porque ni sabemos si somos nosotros quienes la buscamos.
Si no tengo creencias tampoco puedo equivocarme, aunque quizá me equivoque al no tener creencias, cuando habría que tenerlas. Pero cómo voy a equivocarme donde no puedo o no sé decidir. Si no quiero creer es que no creo. O no sé qué es creer. O no sé nada.
La verdad está en todas partes, nadie se equivoca nunca, todo es verdadero y nadie puede equivocarse o no tener razón. Inútilmente esto es verdadero. Ni hay contradicción entre algo y su contrario. Cómo va a haber entre lo que hay algo que no sea parte de lo que hay. Cómo va a ocupar alguien un lugar que no sea el suyo. Y de qué le va a servir saber que el lugar que ocupa es su lugar. Cómo va a ser lo que no es, o no ser lo que es; aunque no haya nadie que pueda decidir qué es o qué no es, o saber qué es ser y qué no ser. También todo lo contrario a todo esto es verdad.
La verdad no te la dirá nadie, nadie te la podrá ocultar.
Todo es verdad. Todo es. Todo.
En el hombre habla la voz del ser, dice Heidegger, que es como no decir nada, y puede ser decir algo infinitamente grande.
El mismo que dijo “la verdad os hará libres”, ¿a qué clase de verdad se refería?
Siempre que enseñes, enseña también
a dudar de lo que enseñas.
(Ortega y Gasset)
En el hombre habla la voz del ser.
(Heidegger)
Leemos libros como si hubieran sido escritos por escritores.
Escuchamos música como si hubiera sido hecha por músicos.
La disertación del profesor, la demostración del demostrador.
Cuando una persona habla oímos lo que esa persona dice.
Cuando pienso, pienso lo que yo pienso, o lo que en mí se piensa.
Hasta la palabra de Dios parece surgida de Dios mismo,
aunque todo el mundo sabe que Dios no existe.
Cuando habla el Maestro no le tomamos demasiado en serio, porque es el maestro, y sabe de qué habla; sin embargo, si nos habla quien no es nadie no le hacemos caso, porque no sabe de qué habla.
Para que estas palabras fueran tenidas en cuenta deberían haber sido dichas por nadie determinado, por lo que no serían admitidas.
Hay tantas teorías y tantas no-teorías, que cómo vamos a elegir.
Y cómo distinguir lo verdadero entre la multitud de verdades que nos rodea.
La verdad no quiere ser demostrada, quiere ser experimentada, lo que no la convierte en auténtica verdad, sino en experiencia real.
La sabiduría no es sabiduría mientras no es el sabio quien la comunica; por otra parte, el sabio no es sabio hasta que no sentimos que es sabio lo que dice.
Pero todas las experiencias humanas son humanas.
Cómo vamos a estar del lado del que sabe o del lado del que duda. Estamos de parte de la experiencia que experimentamos. Pero todas las experiencias humanas son humanas.
Así que recomiendo (aquí se recomienda) no leer libros escritos por escritores, ni escuchar música de músicos, o lecciones explicadas por el profesor,
y que ni los más decididos tomen la voz de Dios como venida de Dios.
Y dónde vamos a colocar el mensaje de la incierta ironía, que no sabemos si nos quiere decir lo que dice o más bien todo lo contrario.
No sé si será mejor escuchar la verdad particular, vivida, de mi vecino que no sé qué pretende, no sé si desvaría, si se equivoca; o la sentencia infalible del catedrático, inútil, abstracta y lejana.
Pero todo lo humano es humano.
Es posible.
Se puede morir por las verdades de Jesucristo o vivir para la vasta tautología matemática.
El que sabe hablar de la verdad no está más cerca de ella que quien puede sentirla y vivirla aunque no haya quien le entienda o le crea cuando trata de explicarse.
Pero, si buscas en tu corazón, ¿cómo vas a saber si es el tuyo el corazón en el que buscas? ¿Cómo vas a saber si eres tú quien decide? No lo pienses demasiado.
Si no sabes dónde encontrar lo auténtico, cómo vas a buscarlo en tu interior, si no sabes dónde está tu interior.
Pero, cuidado, porque lo que guardas en tu corazón como una piedra preciosa tal vez sea sólo una piedra preciosa, sin ningún valor.
Me gustaría que, siguiendo el principio de Ortega y Gasset se dudara de todo lo que digo, de lo razonable y de lo dudoso, de lo disparatado y de lo indudable. Entonces, habrá que empezar por el principio: vamos a dudar de que haya que dudar, de que sea conveniente, posible, o eficaz. Porque quien te recomienda la duda quizá quiera que descartes la respuesta que admitirías sin reflexión. Duda de que debas dudar, porque quien duda demasiado quizá no llegue nunca a ninguna parte ni se decida nunca. Duda, desde la duda vuelta sobre sí misma hasta donde no te sea posible dudar, no hasta encontrar una verdad imposible sino hasta principios que sientes inconmovibles, que quizá mañana no sientas así, pero hoy, simplemente, no puedes no aceptar. Y quizá no sea posible desterrar la duda, pero dudar es ser.
Cómo vamos a saber por qué creemos lo que creemos o no creemos lo que no creemos si no sabemos si esa evidencia interior ha sido demostrada científicamente.
Pero hay tantas demostraciones científicas que una más o una menos a quién puede interesarle.
Y toda ciencia puede ser objeto de otra ciencia. Todo conocimiento simple dato estadístico, o de otro tipo. Toda explicación paradigma de otro método o disciplina.
Hay tantas verdades que ya no podemos encontrar la nuestra, porque ni sabemos si somos nosotros quienes la buscamos.
Si no tengo creencias tampoco puedo equivocarme, aunque quizá me equivoque al no tener creencias, cuando habría que tenerlas. Pero cómo voy a equivocarme donde no puedo o no sé decidir. Si no quiero creer es que no creo. O no sé qué es creer. O no sé nada.
La verdad está en todas partes, nadie se equivoca nunca, todo es verdadero y nadie puede equivocarse o no tener razón. Inútilmente esto es verdadero. Ni hay contradicción entre algo y su contrario. Cómo va a haber entre lo que hay algo que no sea parte de lo que hay. Cómo va a ocupar alguien un lugar que no sea el suyo. Y de qué le va a servir saber que el lugar que ocupa es su lugar. Cómo va a ser lo que no es, o no ser lo que es; aunque no haya nadie que pueda decidir qué es o qué no es, o saber qué es ser y qué no ser. También todo lo contrario a todo esto es verdad.
La verdad no te la dirá nadie, nadie te la podrá ocultar.
Todo es verdad. Todo es. Todo.
En el hombre habla la voz del ser, dice Heidegger, que es como no decir nada, y puede ser decir algo infinitamente grande.
El mismo que dijo “la verdad os hará libres”, ¿a qué clase de verdad se refería?

Esteban
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