Los amigos creen –este Toño es un cachondo- que soy el tipo extrovertido que más de una vez tienen que acompañar a casa.
Mamá –abrígate, Toñín, cariño- me toma por un muchacho ingenuo; el jefe de planta –cuadre estos balances, Aguirre- por un administrativo eficiente; mi hijo –en qué época vives, papá- por un pureta trasnochado.
El portero del inmueble –Buenos días, Don Antonio- me confunde con el señor de corbata que sale cada mañana del tercero centro; mi mujer –cabrón de mierda- con el hombre que le ha destrozado la vida; mi amante –así, Antonio; sigue así- con Banderas.
De vez en cuando, sin venir a cuento, saco el carné de la cartera y lo examino detenidamente.
Pues a mi me pasa, vamos, como a Allavi. La viiidaa es puuuro teaaatrooo.
P.D.: Dios sabe que me estoy organizando lo imposible para ir este 21. Pero tengo exámenes cada mes, y encima, están al caer los finales, y los líos de faldas -pocos y cansados- y los cumpleaños, y el maldito deber social de quedar bien. Aster, tu relato casi me viene al pelo.
Fíjate lo que te digo, Aster. Me llevo este relato a la bitácora, y desde allí también lo publico. Me tomo la licencia, sin pedírtelo antes -perdona si ofendo-, pero me has ganado con Deneí.
O sea, que tienes una voz deliciosa, ¿eh, Ofelia? Uhmmm... Con lo que me gustan las voces...
¡Ay! No sé qué me pasa esta mañana, pero sólo pienso en guarradas. Y casi que mejor no las digo.