Subject: JAMAS OLVIDAR
7:00 am
Me encuentro en una fase que ahora los psicólogos llaman “síndrome del pionero” que define a las primeras generaciones del actual sistema las cuales, a veces no podemos creer y sobre todo ejercer este cambio tan radical.
Y es que, las puertas se abrieron ante nosotros, tenemos apariencia de jóvenes de 30 años, la sabiduría de un anciano del siglo XX, pero sobre todo, la libertad y el conocimiento de seres que, cuando éramos niños, sólo lo concebíamos como de “otro planeta”.
A los treinta años, nunca había podido terminar una carrera, primero por desidia, y luego por falta de dinero y tiempo, y como todos, trabajaba inmersa en una oficina que en ese entonces era el centro de negocios mas grande del país llamado Santa Fé.
Era horrible ver cómo teníamos que ir vestidos de colores sobrios, “bien presentados” recuerdo que era la premisa de aquellos tiempos.
Los hombres, usaban unos “trajes” que ahora te parecerán como camisas de fuerza, incluso, nos hacían usar unos zapatos sumamente incómodos, luego supimos que en los pies debajo de la piel tenemos unas ventosas por donde la voluntad puede evaporarse debido a ese odioso calzado, entonces sabrás el porqué ahora usamos mas que un ligero huarache que permite que estemos lo mas directo a la tierra.
Ahora que, tras estos 23 años tengo ya dos especialidades y mi trabajo de investigación está dando frutos, sigo sin creer de lo que somos capaces de hacer cuando no está centralizado el sistema y sobre todo, cuando ya no sobrevive la diferencia de clases por medio de la enajenación de bienes materiales, sino que, la unidad es la base de la actual política, dejándonos ejercer lo que desde nacimiento sentimos como vocación.
10:00 am
Me he tomado el día para escribirte de muchas cosas, verás, debo decirte algunos secretos de esta ciudad la cual, muy pronto habitarás como ser humano.
Cuando seas niño, notarás que existen por todos lados naves muy pequeñitas donde viajan dos personas y en algunas viajan no mas de cuatro.
Pero nadie va solo. Te preguntarás porqué, esto es, debido a que descubrimos que los enosams perpetuaron nuestra mente y hemos logrado sobre-vivir de aquellos sometimientos por medio de una energía que sale detrás de nuestras nucas, pero aún necesitamos estar en conjunto para permanecer emergidos de su realidad.
Para que me entiendas mas fácil, tómate un viaje al mar, no te será difícil encontrar los “nasid” que hay en cada esquina, son unos círculos plateados que parecen simples rejillas, basta pararse sobre ellos y “situarse”.
Una vez que llegues a la costa, toma una de las esferas que estarán encalladas en la playa, te será fácil abordarla y por sí sola te llevará de paseo a las profundidades, ahí están los “senegenis” que son las antiguas ciudades en las que los enosams aíslan a la gente.
No te sorprendas, ni mucho menos temas, ya hemos superado aquellos sometimientos, sin embargo, quedamos muy cansados, pero ha valido la pena para nuestras futuras generaciones, sólo que, debes tener bien presente, que aún existen personas viviendo en ese lugar, y que, han elegido, por razones que ahora no explicaré, vivir en esa orbe.
Cuando termine la ruta, la esfera te regresará a la superficie, y entonces entenderás, la forma en que logramos escaparnos de aquel mundo, que a fin de cuentas, fue el mundo que vio a nuestra generación crecer y emerger a esta dimensión.
Cuando leas estas letras, estarás parado en tu casa, ya tendrás el poder suficiente para permanecer solo, sin embargo, el asunto de permanecer en este lado es, simplemente JAMAS OLVIDAR que existe otro costado, pues ahí esta el código…
Lutanio, miró por los dos lados de la carta, ¿eso era todo? Con desdén dobló la hoja y la dejó sobre la mesa y es que, de memoria conocía esas indicaciones, no entendió el porqué Pazima tenía urgencia de mostrarle aquel documento incompleto, Cerro lo que sería la “puerta” de su casa y se dirigió a la orilla del camino mientras pensaba: “¿Qué código? No puede haber uno ahora que somos libres”. Sin embargo, pudo contemplar los nuevos caminos que ahora son veredas tapiadas de musgo escoltadas por matorrales aromáticos
Echó una mirada a una postal de la vieja ciudad, y rió con cierto miedo, ¿Cómo rayos lograban trasladarse en esas latas? Pazima lo sacó del letargo, “subete” le dijo sobre la burbuja rosada. “¿Para que demonios deseabas que leyera esa carta”? reprochó Lutuanio,
Pazima lo miró seriamente; “Pronto lo sabrás” respondió serenamente.
Lutanio sintió cómo su sangre corría mas rápido por las venas, de cierta manera, tenía muy presente los grandes edificios que existen ahora, exactamente donde esta parado, y que aun hay personas que viven de la misma manera que en el año 2010.
“Anda, es hora de ir al taller, hoy nos toca enseñar alebrijes”
El camino estaba alejado de todas las casas, Lutanio, recordó con júbilo la manera en que se paseaba de niño por los patios traseros de las viviendas y que se daba cuenta de la lejanía cuando se topaba con esa larga vereda que en tiempos oscuros todos la conocían como “el periférico”.
A mitad del camino, una senda igualmente ancha se abría del lado izquierdo en constante subida que se dirigía a la zona de “procesos” donde todas las máquinas fabricaban el alimento y las medicinas primarias.
Mas adelante, estaba el Palacio de Bellas Artes, que se había convertido en una de las más importantes escuelas de artesanías del país. Las aulas eran habitadas por personas de todas las edades, y era posible asistir a todo tipo de talleres y exposiciones. De no haber suficiente espacio, usaban como extensiones lo que antes eran los museos y los edificios mas sofisticados de la ciudad que, están tapiados de madreselva por dentro y por fuera.
Pazima siempre había soñado con tomar clases en medio de las pinturas de Remedios Varo que se encuentran en el museo de Arte Contemporáneo y era ahí donde impartía sus talleres a niños mas pequeñitos.
Y lo cierto es que, lo único que ahora quedaba de la vieja ciudad, eran los templos de conocimiento, los museos, los parques, las viejas casas coloniales y los edificios mas desarrollados en el ámbito funcional que han sido los únicos sobrevivientes de aquella, la que alguna vez fue la ciudad más grande del mundo.
FIN
Me encuentro en una fase que ahora los psicólogos llaman “síndrome del pionero” que define a las primeras generaciones del actual sistema las cuales, a veces no podemos creer y sobre todo ejercer este cambio tan radical.
Y es que, las puertas se abrieron ante nosotros, tenemos apariencia de jóvenes de 30 años, la sabiduría de un anciano del siglo XX, pero sobre todo, la libertad y el conocimiento de seres que, cuando éramos niños, sólo lo concebíamos como de “otro planeta”.
A los treinta años, nunca había podido terminar una carrera, primero por desidia, y luego por falta de dinero y tiempo, y como todos, trabajaba inmersa en una oficina que en ese entonces era el centro de negocios mas grande del país llamado Santa Fé.
Era horrible ver cómo teníamos que ir vestidos de colores sobrios, “bien presentados” recuerdo que era la premisa de aquellos tiempos.
Los hombres, usaban unos “trajes” que ahora te parecerán como camisas de fuerza, incluso, nos hacían usar unos zapatos sumamente incómodos, luego supimos que en los pies debajo de la piel tenemos unas ventosas por donde la voluntad puede evaporarse debido a ese odioso calzado, entonces sabrás el porqué ahora usamos mas que un ligero huarache que permite que estemos lo mas directo a la tierra.
Ahora que, tras estos 23 años tengo ya dos especialidades y mi trabajo de investigación está dando frutos, sigo sin creer de lo que somos capaces de hacer cuando no está centralizado el sistema y sobre todo, cuando ya no sobrevive la diferencia de clases por medio de la enajenación de bienes materiales, sino que, la unidad es la base de la actual política, dejándonos ejercer lo que desde nacimiento sentimos como vocación.
10:00 am
Me he tomado el día para escribirte de muchas cosas, verás, debo decirte algunos secretos de esta ciudad la cual, muy pronto habitarás como ser humano.
Cuando seas niño, notarás que existen por todos lados naves muy pequeñitas donde viajan dos personas y en algunas viajan no mas de cuatro.
Pero nadie va solo. Te preguntarás porqué, esto es, debido a que descubrimos que los enosams perpetuaron nuestra mente y hemos logrado sobre-vivir de aquellos sometimientos por medio de una energía que sale detrás de nuestras nucas, pero aún necesitamos estar en conjunto para permanecer emergidos de su realidad.
Para que me entiendas mas fácil, tómate un viaje al mar, no te será difícil encontrar los “nasid” que hay en cada esquina, son unos círculos plateados que parecen simples rejillas, basta pararse sobre ellos y “situarse”.
Una vez que llegues a la costa, toma una de las esferas que estarán encalladas en la playa, te será fácil abordarla y por sí sola te llevará de paseo a las profundidades, ahí están los “senegenis” que son las antiguas ciudades en las que los enosams aíslan a la gente.
No te sorprendas, ni mucho menos temas, ya hemos superado aquellos sometimientos, sin embargo, quedamos muy cansados, pero ha valido la pena para nuestras futuras generaciones, sólo que, debes tener bien presente, que aún existen personas viviendo en ese lugar, y que, han elegido, por razones que ahora no explicaré, vivir en esa orbe.
Cuando termine la ruta, la esfera te regresará a la superficie, y entonces entenderás, la forma en que logramos escaparnos de aquel mundo, que a fin de cuentas, fue el mundo que vio a nuestra generación crecer y emerger a esta dimensión.
Cuando leas estas letras, estarás parado en tu casa, ya tendrás el poder suficiente para permanecer solo, sin embargo, el asunto de permanecer en este lado es, simplemente JAMAS OLVIDAR que existe otro costado, pues ahí esta el código…
Lutanio, miró por los dos lados de la carta, ¿eso era todo? Con desdén dobló la hoja y la dejó sobre la mesa y es que, de memoria conocía esas indicaciones, no entendió el porqué Pazima tenía urgencia de mostrarle aquel documento incompleto, Cerro lo que sería la “puerta” de su casa y se dirigió a la orilla del camino mientras pensaba: “¿Qué código? No puede haber uno ahora que somos libres”. Sin embargo, pudo contemplar los nuevos caminos que ahora son veredas tapiadas de musgo escoltadas por matorrales aromáticos
Echó una mirada a una postal de la vieja ciudad, y rió con cierto miedo, ¿Cómo rayos lograban trasladarse en esas latas? Pazima lo sacó del letargo, “subete” le dijo sobre la burbuja rosada. “¿Para que demonios deseabas que leyera esa carta”? reprochó Lutuanio,
Pazima lo miró seriamente; “Pronto lo sabrás” respondió serenamente.
Lutanio sintió cómo su sangre corría mas rápido por las venas, de cierta manera, tenía muy presente los grandes edificios que existen ahora, exactamente donde esta parado, y que aun hay personas que viven de la misma manera que en el año 2010.
“Anda, es hora de ir al taller, hoy nos toca enseñar alebrijes”
El camino estaba alejado de todas las casas, Lutanio, recordó con júbilo la manera en que se paseaba de niño por los patios traseros de las viviendas y que se daba cuenta de la lejanía cuando se topaba con esa larga vereda que en tiempos oscuros todos la conocían como “el periférico”.
A mitad del camino, una senda igualmente ancha se abría del lado izquierdo en constante subida que se dirigía a la zona de “procesos” donde todas las máquinas fabricaban el alimento y las medicinas primarias.
Mas adelante, estaba el Palacio de Bellas Artes, que se había convertido en una de las más importantes escuelas de artesanías del país. Las aulas eran habitadas por personas de todas las edades, y era posible asistir a todo tipo de talleres y exposiciones. De no haber suficiente espacio, usaban como extensiones lo que antes eran los museos y los edificios mas sofisticados de la ciudad que, están tapiados de madreselva por dentro y por fuera.
Pazima siempre había soñado con tomar clases en medio de las pinturas de Remedios Varo que se encuentran en el museo de Arte Contemporáneo y era ahí donde impartía sus talleres a niños mas pequeñitos.
Y lo cierto es que, lo único que ahora quedaba de la vieja ciudad, eran los templos de conocimiento, los museos, los parques, las viejas casas coloniales y los edificios mas desarrollados en el ámbito funcional que han sido los únicos sobrevivientes de aquella, la que alguna vez fue la ciudad más grande del mundo.
FIN

CATARINA
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