¿Por qué una peonza no se cae cuando gira sobre su vértice? Los físicos han ideado explicaciones precisas y detalladas de este fenómeno. Pero insuficientes, yo sé por qué no se cae: porque, estando atareada en dar vueltas, la peonza, no tiene tiempo de caerse. Da vueltas mientras no se cae porque da vueltas, porque no se cae. Podemos decir: no se cae porque no se cae, pero la peonza gira porque gira. Como la piedra de Spinoza(*), la peonza, consciente, gira porque quiere girar. Y mientras gira, gira y gira y no tiene otra cosa que hacer. Como no puede darse a sí misma más impulso que el que le ha sido dado para hacerla girar, la resistencia del medio en el que se mueve la devuelve finalmente a su estado de reposo.
A no ser que nunca haya empezado a girar.
Nos dicen que si no hubiera ningún roce giraría siempre y siempre y nunca se cansaría de girar. Pero una peonza que gira eternamente sin resistencia sobre un suelo impecablemente liso y sin aire no es peonza.
This post was edited on 2008-06-27, 22:14 by Esteban.
(*) He editado este texto para corregirlo: donde ahora dice Spinoza antes se leía Schopenhauer. Leyendo sobre el determinismo me he dado cuenta de que no fue el determinista Schopenhauer, sino el también determinista Spinoza quien dijo que si una piedra que cae fuese consciente creería que cae porque quiere y donde quiere caer; Schopenhauer no hizo más que comentar y ratificar sus palabras. No sé dónde leí yo ese comentario sobre la piedra, pero no recordaba la referencia a Spinoza, y tomé el ejemplo como si hubiera sido del propio Schopenhauer; que perfectamente podría haber sido, ya que se adapta muy bien a sus peculiaridades expresivas, poco importa, en definitiva, para el caso. Ya que nadie me ha corregido desde que dejé aquí esta divagación, me he tomado la ligera molestia de hacerlo yo mismo y rectificar mi error, que en modo alguno modifica el sentido (o sinsentido) de mi escrito, pero es justo de todas formas, aunque resulte vano, corregirlo; y no me quedaría a gusto si no lo hiciera. Así que, pido perdón a los (apenas) 51 visitantes de este asunto sin corregir, a las enciclopedias y los eruditos en filosofía; a Schopenhauer y a Spinoza; a la piedra, a la Ley de la Gravedad y a los astros por mi negligencia.
51 lectores no son pocos. Son un par de clases de instituto, por ejemplo.
Bien sabemos los sisíferos que llegar a 100 es todo un record.
Ahora bien: la peonza es peonza por su forma y su función que es girar. Y gira por la aplicación de un par de fuerzas (llamado momento) y segun la vertical/eje sobre el que se encuentra su vector velocidad angular. Y no gira indefinidamente a causa de: imperfecciones del suelo en que se apoya, y la fricción con éste y con el aire.
Una peonza con un giro más duradero sería aquella que imantada, girara en el aire sin la aplicación de fuerzas externas salvo las producidas por el campo magnético.
Ayer en Historia del Urbanismo-Economía y Movilidad Urbana-Planeamiento-Legislación Urbanísitica (todo eso es la puñetera asignatura) nos dieron un guantazo memorable.
Y ya sólo queda el último... química de materiales (Puaj)
Hay otra lectura tenuemente sugerida en el texto de la peonza (aunque esa connotación tal vez la tenga sólo para mí que lo escribí) que la puramente mecánica, de la cual ya podemos leer prolijamente en los tratados de física hasta el último detalle; no obstante, Pablo, bien venidos sean tus comentarios sobre la física del giro de la peonza, y la curiosidad que comentas sobre la peonza imantada que gira en el aire, para quien quiera investigar el tema más a fondo; quizá Martín pueda dar alguna otra información curiosa. A Allavi, por ejemplo, le debo el reciente interés que me ha despertado, con su trabajo de Filosofía sobre locura y genialidad, por Schopenhauer, un filósofo sin duda genial, una de las lecturas recurrentes de Borges, como sabemos gran admirador suyo, de quien decía (el apasionado y lúcido Schopenhauer -Tlön-) que acaso había descifrado el universo. Hombre singular que se me antoja extrañamente entrañable, con sus pesimismos y misantropías, (tan frecuentes entre los filósofos, verdad, esos enfermos de la vida), sus perplejidades humorísticas y belleza literaria estremecedora, y también su amarga y cruda seriedad trascendental. Aún no he leído (aunque tengo ya la versión de Círculo de Lectores, que procede de la de F.C.E), su obra capital, aunque sí algunas otras, y diversos análisis y comentarios de su filosofía.
No dice gran cosa un alto número de visitantes, imagino que la mayoría son fortuitos, teniendo en cuenta que un tema con pocos comentarios o ninguno puede ser muy visitado por quienes entran en él por simple casualidad, por ejemplo, veo miles de visitas en alguno de mis asuntos, y en otros, que sin embargo apenas se comentan. La mayoría de los temas de Filosofía son “candentes”, pero con una candencia congelada y estéril, debida sólo a los que entran en ellos por azar, y yo creo que ni los leen en la mayoría de los casos. Así que lo de 100 visitas sería antes, ahora la mayoría de los asuntos publicados aquí pasa con creces de esa cifra en poco tiempo, eso no significa nada. ¿Para qué escribir en un foro? A mí me resulta muy gratificante encontrar comentarios de cualquier tipo, que relacionen el tema tratado con otros, como ha hecho Pablo con mí poema, o mencionen alguna curiosidad, señalen alguna contradicción o permitan profundizar o ampliar otros aspectos. Información sobre cualquier tema se puede encontrar en la Web y en los libros en abundancia, pero, como decía mi venerado Sócrates, que no escribió, los libros no contestan directamente a nuestras preguntas, no entablan diálogo con nosotros. Lo interesante de un foro es opinar y compartir opiniones, puntos de vista, sugerir temas y escuchar sugerencias que, según nos vamos conociendo, como ha dicho Aurora Romero, nos permitan ampliar nuestros horizontes. Palabrería, en definitiva.
No es que me queje, no, no tendría sentido. Las cosas son como son. Me alegra haber podido aportar algo a alguien y lo que he recibido. Pero cómo me voy a quejar de que los temas no interesen. Sería como quejarse de que en verano hace calor. Tampoco es que la culpa sea mía por no saber plantear temas interesantes: no será el lugar adecuado, no seré yo, ante eso no tengo nada que oponer; tampoco soy capaz de hacerlo mejor. Me siento siempre fuera de lugar, no sé, siento no haber dado con la clave de la comprensión humana necesaria para comunicarse con los demás, esto es un rasgo de mi personalidad que me hace sufrir desde siempre, debo asumir que es cosa mía y acostumbrarme a ello de una vez, podría pensar que tal vez en otro lugar me fuera mejor, pero no, no lo creo, llevaré conmigo mis desencantos donde quiera que vaya. Aunque tarde, muy tarde, empiezo a comprender que no tengo ya gran cosa que decir. Me desanimo con demasiada facilidad, es cierto. Debo escribir menos ya. O ponerme en lugar de los demás, comentar otros temas más que exponer los míos. Pero no contestaré sólo para animar, porque no vale la pena, sino cuando me sienta llamado a hacerlo; se escribe demasiado, yo mismo, para empezar, soy buen ejemplo de ello, que he fatigado el foro de filosofía demasiado con mis elucubraciones que no sé muy bien si alguien comprende, o sirven para despertar algún interés por los asuntos mencionados o señalados en ellos, o sólo aburren o desconciertan y no se comprenden. Me inclino a pensar más bien lo último, en vista de los escasos comentarios recibidos. O peor: desaniman y amargan a sus lectores, qué triste. Como escribió Bukowski en su Poesía, (que conocí gracias a Pablo) a propósito de la misma, tampoco la filosofía es para todo el mundo, ya sea para cultivarla o siquiera para leerla, y también requiere mucha desesperación, insatisfacción y desilusión. Pero es que yo ni siquiera estoy seguro de que lo que escribo sea realmente filosofía, o algún tipo de pensamiento o divagación mental (vaya, como Cioran cuando duda de que sus dudas sean realmente dudas). Fue Curso 07-08, quien quiera que fuese, quien hizo los comentarios más interesantes y estimulantes para mí, él me dijo, entre otras cosas alentadoras y acertadas: sólo en la incomprensión se halla el infinito…, debí prestar más atención en ese momento a sus palabras y agradecérselo debidamente, en lugar de dejarme dominar por mis desequilibrios. (Tenía, por cierto una ironía y sentido del humor característicamente filosóficos, que animaban mucho, como cuando me dijo lo de Kierkegaard, -caramba, pensé, puede ser, qué alegría sentí; qué desastre de persona que se alegra de su amargura- lástima que haya dejado de intervenir, casi me culparía por ello, si yo creyera en la culpa, pero soy, también, determinista, aunque para mí esa palabra casi no tenga sentido).
Sé que esto debería estar en el subforo General, o en Camus Bar, pero es que me dejo llevar por la música que escucho, y por mi tristeza habitual. Yo ya sé que uno no debe avergonzarse de decir lo que siente, Aurora, pero si es lo que siento, cuando lo digo, incluso con esfuerzo para exteriorizarlo, también es un acto libre para sacar lo que llevo dentro y no esconderme. Ya he escrito demasiado, como siempre. Pero no lo borro, no creo que esté tan mal, podéis leer deprisa, o podéis contar algo sobre vosotros mismos, o nada. Siento una seguridad, frágil sí, pero de algún modo esencial, en lo que digo, como las piedras que están ahí sin preguntar ni sentir nada, como lo efímero e inútil en el caótico universo sin sinsentido. Sin duda, soy yo, pero, de alguna manera, simplemente: soy.