Yo no existo. Decir que no existo no es ni verdadero ni falso, es una forma de hablar, precisa, donde haya precisión.
No hay muchas vidas, muchas individualidades conscientes, hay una única realidad, la conciencia no existe. Afirmar esto no es afirmar, es sólo adoptar un punto de vista, ni demostrable ni refutable.
Habría que aclarar a cada paso cada palabra, cada concepto, para saber de qué hablamos, pero no hay nada que aclarar porque nada es aclarable. Hay que situarse en un modo de hablar y desde ahí hablar, con un sentido escurridizo. El análisis completo no es la destrucción completa sino la nada de lo analizado y del análisis.
No hay una verdad que alcanzar, la verdad es. Sólo se puede hablar aproximadamente, hablar esencialmente es no hablar en el hablar, sin que ese no hablar sea no hablar, sino, propiamente, el hablar mismo.
En el pensamiento no puedo dar el salto en el que el Ser y la Nada sean lo mismo; en el que el Ser, que es todo, y la Nada, que es no siendo ese mismo todo, sean lo mismo. No hay ni Ser ni Nada, sino un único.
Soy llevado siempre a la ausencia de mí mismo como a mi realización plena; por decirlo de alguna manera. Pero no es realización plena, ni de un sí mismo, que son sólo modos de hablar. No niego nada porque no es posible negar. Ni decir que no es posible negar es negar. Estas frases deben ser entendidas como desprovistas de todo sentido. Si entender fuera posible.
No ser no es no ser, la muerte no existe porque la vida no existe. En esa inexistencia no hay inexistencia, pero en el propio no haber no hay.
El pensamiento final es místico, es decir, no un pensamiento, sino lo que propiamente ni piensa ni no piensa en el no del no. Un imposible sin imposible.
Pensar hasta el final es imposible porque no es posible ni pensar en lo que finalmente ni es ni no es en el pensamiento. Un abismo.
No quiero hablar con más claridad porque no podría hablar: el sentido se rompe en el salto desde lo dicho a lo no dicho; porque indecible no hay nada.
Para decir todo esto hubiera sido mejor no empezar a escribir, pero quién soy yo para decir qué hubiera sido mejor si no existo, sin negarme, pero sin el sin del sin ni el negarme del negarme. Y continúo sin continuar diciendo lo que no digo.
Hay en lo que digo un sentido pleno que yo no puedo negar. Ese sentido es sinsentido, pero sin el sinsentido del sinsentido. Siento ganas de abandonarme a un torrente de palabras incontrolable y esencial que rompa toda inteligibilidad siempre rota.
Pero, curiosamente, todo lo que hago es, simplemente, dejar de escribir.
Y me entrego a la nada en espera de la muerte. Sin nada ni muerte.
Abandono.
creeanme queridos amigos camaradas, que todo esto yo me lo pregunte cuando tenia diez años : ¿Qué es el hombre? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo saber? y ¿Qué me cabe esperar?. Si bien es cierto que encontrada la respuesta a la primera cuestión, las otras se nos darán por añadidura.
Y jamas leei libro alguno con respecto a todo esto ( creo que existe gente que tiene que divagar por diferentes filosofias pata llegar al punto cero ( que es uno mismo)
Aplauden a grandes maestro, que entregaron aportes a la humanidad pero yo creo humildemente que jamas se encontraron ellos mismos ( hombres tristes preguntando por qué)
Hay por hay un filosofo que decia que todo tiene que cambiar para bien o para mal ( entonces por que nos admiramos de todos los criminales, estadistas,terroritas del mundo si ellos cambiaron la humanidad si no existen ellos ...
sera William Henry Gates III es el hombre más importante de la tierra todos le debemos plata a este hombre es nuestraunica filosofia a seguir.
esteban no comamos más mierda.
¿Por que tendría que ser un ángel?
es mejor vivir en la locura...
No estoy seguro de poder interpretar correctamente este comentario tan indeterminado. Cada pensador es un mundo, el pensamiento necesita aclararse con múltiples referencias, salir así de su hermetismo. ¿Dónde exactamente fue delimitado ese drama? Hace siglos delimitado, pero aún y siempre vigente. Pero no, delimitado no, no es posible, porque el abismo es infinito. No creo que haya un único lugar: los místicos y pensadores en general cada uno a su manera, todo el que haya intentado pensar la realidad hasta el límite. Pero, ¿en qué pensabas, Hugo, cuando interpretaste mi texto como “drama del abismo lógico”? Me gustaría que contestaras a eso porque podría abrirme vías que no conozco, ya que estoy en ese drama; puesto que soy incapaz de dejar de pensar he de encontrar el siguiente paso, o movimiento dentro del círculo o espiral donde me encuentro.
Abismo, sí. Lógico o no, abismo. Porque no es lógico el camino por el que he llegado a ese abismo; no lógico o racional, sino ontológico, existencial, religioso o místico.
Siento en esa respuesta un tono de sentencia que niega relevancia al texto, como si ya estuviera todo dicho desde hace tiempo y no hubiera nada que añadir. Pero el pensamiento no debe buscar necesariamente la "originalidad" sino también expresar la propia esencia de quien lo piensa, su abismo. Al fin y al cabo, esto es un foro, no un tratado de ningún tipo. Es compartir experiencias lo que busco.
Sí, preguntas esenciales. Pero lo que Kant buscaba no era una definición de hombre sino el sentido de ser humano, de ser, de preguntar. Toda su racionalidad se edificó en torno a esas preguntas.
De acuerdo en que “el punto cero” es uno mismo (Sócrates). Pero nunca hay un "uno mismo" aislado o cerrado en sí mismo; por otra parte, cada cual es para sí mismo el más lejano (Nietzsche), de ahí el rodeo necesario por “otras filosofías” de quien se siente incompleto en sí mismo, o abierto a otras voces. Espero una respuesta de quien trate de comprender ese texto en su sentido más allá de su expresión concreta y precaria.
Creo que hablas del abandono del pensamiento como medio para llegar a una unidad ¿no? El pensamiento puede ser ascendente y conceptualizar la diversidad en elementos, relacionarlos e ir haciendo esquemas que abarquen más y más... pero un mapa no es más que un mapa.
Entendimiento. Frágil espejismo que acaricias hambriento una realidad cínica.
Sí, abandono del pensamiento, del pensar. La imposibilidad y necesidad de sentirse integrado en el todo. No de forma intelectual, no como mapa o esquema de la realidad, siempre tan parcial y limitado, sino de forma más bien afectiva o integral. Aunque para expresar eso aquí no cuento más que con mis palabras.
Pues no creo que ello sea fácil para un occidental, Esteban. De hecho, una vez me asusté muchísimo porque mi mente se quedó en silencio y, créeme, fue bastante desagradable para mí y me dió un ataque de ansiedad!
Nos gusta pensar, nos indentificamos con nuestro soniquete mental, somos occidentales y el ego es fuerte...
Si estás seguro de querer eso, vé despacio y busca un maestro budista. No vayas por tu cuenta, como hice yo, que te puedes llevar sustos!
Entendimiento. Frágil espejismo que acaricias hambriento una realidad cínica.
No, no es fácil, está muy lejos de ser fácil. Pero en el fondo lo occidental que puedo ser resulta superfluo aunque esté muy arraigado. El pensamiento puro también trasciende fronteras y límites culturales, o debería hacerlo en último extremo. Ciertamente, puede ser el budismo la doctrina que mejor ha comprendido la necesidad de abandonar el pensamiento para encontrar la respuesta existencial, respuesta que ya no es respuesta a nada porque no hay nada a lo que responder. Pero no hay por qué identificar toda experiencia última con el budismo, la experiencia mística está presente en todas las culturas, y en todos los tiempos se ha dado la necesidad de trascender la existencia individual y concreta. Por eso, no hay que empezar pensando: soy occidental, puedo esto y esto otro seguramente no, sino ir al fondo de uno mismo, allí donde no hay fondo, donde no somos nada definible. Donde se anulan los conceptos y distinciones. De hecho creo que, en el fondo, ni siquiera soy occidental, porque me siento extraño en todas partes, aunque, pensándolo bien, quizá sea un extrañamiento occidentalizado, dejémoslo estar. Desde fuera de mí mismo puedo decir: soy occidental, soy español, etc., desde dentro no sé qué soy o trato de ser, aunque es cierto que en muchos sentidos cuesta desembarazarse de las tendencias y pautas dominantes en ámbito en que uno se mueve.
El pensamiento y el camino no pertenecen a ninguna escuela o pueblo, sino al ser mismo: Buda, el hombre, no tuvo ningún maestro budista. Por ejemplo, alguien tan occidental (y tan discutido) como Heidegger tiene muchos puntos en común con el pensamiento oriental. La realidad es una. Otro ejemplo, escucha esto de Wittgenstein, occidental hasta la médula: la tarea de la filosofía consiste en enseñar a la mosca a salir de la botella. ¿No se puede entender esto de forma “oriental”, con un sentido no muy lejano a la búsqueda de silencio del propio Wittgenstein tras la superación de todos los malentendidos? La botella podría ser el propio mundo del pensamiento o realidad mental (que no hace más que mapas, o esquemas, como dices).
Gracias por tu sincero consejo, Nosololaura, me gustaría poder hablar con un verdadero maestro budista, ya lo creo, pero no conozco a ninguno. El budismo es en este momento lo más cercano que encuentro a mi visión de la realidad, aunque naturalmente, no puedo comprenderlo ni aceptarlo en todos sus puntos porque me falta la vivencia esencial. Tienes mucha razón en una cosa: nos gusta pensar (¡a quién se lo vas a decir!, con poco que hayas leído de lo que he escrito intuirás que el mundo del pensamiento no me resulta del todo extraño). O no nos gusta, pero lo hacemos; no es que me guste, lo necesito.
La que se suele citar en primer lugar de las cuatro nobles verdades del buddhismo (lo escribo así porque influencia de Raimon Panikkar, en su libro El silencio del Buddha) ya la he asimilado: la existencia es sufrimiento. Pero no, no he debido aceptarla por completo, no como debe ser aceptada, existencialmente y no sólo mentalmente. Porque la comprensión profunda de esa verdad implicaría el despojamiento de todo deseo de existencia y el abandono de todo ego. Pero yo, debo de esperar aún algo de la vida, aunque no sepa qué, o sólo la imposibilidad de saber nada. Aunque la existencia empieza a cansarme el suicidio no me atrae porque supone también la victoria del yo a la vez que su destrucción (según el buddhismo con el suicidio no se destruye el yo). Así que, parece que el único camino que no lleva a continuar atrapado por la vanidad de la existencia consiste en esa realización buddhista en la que ya no se puede hablar de existencia ni de inexistencia. Soy tímido, luego mi ego es fuerte, es decir, siento con gran intensidad mi yo. Y hablo de ello, aunque sea con desconocidos, y para todo el que lo quiera leer, para tratar de destruirlo, al ego, o ser derrotado por él definitivamente. Porque quizá en la derrota esté la liberación. O, como dice Jaspers, en el fondo de las tinieblas puede brillar el Ser.
Tengo que reconocer, con toda humildad, que estoy muy lejos de haber experimentado ese silencio de la mente del que hablas como experiencia aterradora, mi realización espiritual es muy pobre, debo de ser un caso difícil y atormentado. No será fácil, seguramente, soportar el silencio absoluto, aunque si el silencio se hace total no habrá tampoco alguien que lo “soporte” ¿Sería lo más sensato abandonar todo intento de encontrarle un sentido a la existencia (aunque ese sentido implique abandonar la propia existencia tal como la conocemos)? Pero es tan insoportable para mí buscar el sentido y no encontrarlo como dejar de buscarlo y perderme por completo, y sufrir por no saber encontrar el imposible camino de vuelta hacia la inconsciencia.
Que si estoy seguro de querer eso. En primer lugar, no sé qué es “eso” (integrarse en el todo), ni si eso se puede “querer”, como se quiere, por ejemplo, un trozo de pizza. Finalmente, que ni soy yo mismo ya quien lo quiere sino que “eso” se busca a sí mismo, prescindiendo de mí. Así que, ¿Cómo voy a estar seguro de nada? ¿Qué es estar seguro? Lo que quiero es, por respuesta, acallar todas mis preguntas, si eso es querer. Escribir menos. Es entonces, cuando podría parecer que estoy próximo a acercarme al camino verdadero, cuando siento que sigue estando infinitamente lejos, que sigo perdido como siempre. Ni siquiera perdido.
Nosololaura: eres una tía que comprende, o por lo menos lo intenta y te estoy agradecido por tus respuestas aunque me vea lejos de tu forma de entender y sentir la vida. Necesito destruir también constantemente todos mis prejuicios, no es fácil, no es nada fácil, requiere honestidad siempre a prueba, entrega y valor. Por eso, es una suerte poder compartir cosas tan íntimas como esta aquí: nunca sabes de dónde va a llegar la respuesta alentadora.
Me da la impresión de que te domina el plano mental (quién sabe si eso es bueno o malo!) y sientes la angustia de la falta de lo absoluto que busca la mente sin encontrar salida ¿es así?
Y es mi opinión que el "sentido" no está en el pensamiento lógico y que eso puede hacer que nos volvamos más receptivos a otros planos menos... ¿cómo llamarlo? menos limitantes?
Cuando leo, por ejemplo, sobre tu lucha contra los prejuicios, imagino un gran deseo de superación, de evolución, y al mismo tiempo temo que partas de posiciones forzadas, que en el fondo a veces partas de coclusiones mentales que no tienen gran arraigo en tí. Es sólo una sensación, pero creo que si estoy en lo cierto, estarías en un laberinto mental que te aleja del contacto contigo mismo y te acarrearía más desorientación.
Es difícil de explicar, tal vez sólo sean proyecciones o miedos míos... pero es como si el deseo de evolucionar se convirtiera en una trampa, en un laberinto?
Por otro lado, es cierto que el budismo no es la única cultura mística, pero está viva hoy en día y no creo que sea difícil encontrar un maestro budista. Además, en lo poco que conozco, su tradición tiene todo mi respeto e incluso mi cariño... eso sí, sigo teniendo miedo al silencio mental, que en el fondo supongo que es rechazo "visceral" a la muerte... así que, cuando practico meditación, tengo serias dudas. Ah! Creo que cuando medito es por curiosidad!
Entendimiento. Frágil espejismo que acaricias hambriento una realidad cínica.
Parece claro que en mí domina el “plano mental”, pero no, creo que predomina el afectivo, o ambos aunados: vivo lo mental afectivamente.
Es evidente que el pensamiento lógico se ocupa de cuestiones lógicas y no existenciales. El sentido, en el pensamiento lógico, es también un sentido lógico. Fuera de la estricta lógica es mucho más complicado hablar, incluso definir “sentido”. Sin embargo, es posible algo así como sentir la ausencia de sentido, en la tensión insoportable de la vida, desesperada por algo así como el abismo de su propio vacío.
Yo no puedo superar el pensamiento, es el propio pensamiento el que debe derrumbarse, arrastrándome consigo, en un suceso que ni es mental ni no-mental ni pensamiento ni no-pensamiento; donde ni existo ni no existo. Esto no es pensamiento racional, y la paradoja y contradicción sirven sólo para expresar la tensión de la vivencia de encontrarse desamparado, es decir, de ser consciente.
Que estoy en un laberinto mental debe ser más que evidente para cualquiera que haya leído mis textos desde INCERTIDUMBRE hasta aquí, y para descubrirlo no se necesita ninguna psicología profunda porque yo mismo me he aplicado en proclamarlo resueltamente. Lo que tiene arraigo en mí me impide liberarme de mí mismo, de ahí la necesidad de buscar otras vías que me permitan acceder a ese mí-mismo que ya no soy yo sino. (?)
Por otra parte, según el buddhismo todo lo que no sea liberación absoluta es laberinto en el que estamos atrapados: la existencia. No me resulta difícil encontrar en todo pensamiento el camino hacia la nada, como Nagarjuna, pero sí dar ese salto en el que ni el pensamiento es pensamiento ni la nada es nada.
¿Buscarse a sí mismo o más bien desprenderse de sí mismo?, ¿qué es ese sí mismo del que no podemos desprendernos, y del cual, sin embargo nos encontramos tan alejados? Si yo llegara ante el Maestro buddhista con mi torrente de preguntas (en lugar de echarme llorando a sus pies, que también podría ser) él levantaría la mano abierta lentamente, con una sonrisa, diciendo, quizá: vamos a empezar por el principio, hasta llegar, no a contestar a tus preguntas, sino a que veas que ni siquiera son preguntas y siempre ha estado todo resuelto porque no ha habido nunca nada que resolver. Quizá entre estar infinitamente lejos y cerca no haya más que un paso sin distancia. Es un salto. Veo el salto, pero no lo doy. ¿Por qué?, ¿cuál es el punto de partida? Silencio. Pero silencio, como digo, sin silencio. Porque si no he visto el movimiento esencial que me falta no he visto nada, nada de lo visto conduce a nada ni el ver es ver. Sólo concibo el ver como ver sin mirar, es decir, sin ser; el sentido de la vida es la muerte. Pero entretanto hay que vivir, sobrellevar la vida.
(Vivo está lo que uno vive. No creo que sea la curiosidad la actitud más adecuada a ese tipo de meditación, sino una profunda necesidad interior. Si tienes miedo es porque no estás preparada para eso. A pesar de la distancia que nos pueda separar de la mentalidad buddhista comparto ese cariño y respeto, aún más: veneración).